
El viernes por la noche salí de marcha como es tradición, al volver me puse el pijama y encendí el portátil para combatir a la intemperie de Internet mi insomnio después de una buena fiesta.
Abrí el navegador y como de costumbre consulte un periódico deportivo digital, leí una noticia de esas que nunca te esperas que lleguen ni tampoco quieres nunca que lleguen, en este caso el fallecimiento de Andrés Montés. Me quede dos minutos en estado de shock y después consulte las diferentes ediciones digitales de los periódicos con más tirada. Eran las cinco, me quede frito en la cama.
Andrés Montés tenia los mismos incondicionales que críticos con su trabajo, una forma atrevida de narrar los partidos de fútbol que en un campo que no le pegaba tanto como el baloncesto pero daba mucho juego. Quizás tenían razón al decir que no era "digno" de participar en un debate de Punto y Pelota (ironía: on). Pero le imprimía una pasión, una energia a las retrasmisiones que contagiaba al espectador.
Un día como hoy lo de menos es si era buen comentarista o no, lo que es digno de aplaudir es a un hombre peculiar que durante una vida a podido comprarse las pajaritas más orteras viviendo de su personalidad. Un periodista auto didacta que marca un antes y un después. Un mulato que con una sonrisa en la cara transmitio a todos los espectadores una pasión por el juego.
Sin duda se nos ha ido un jugón de la palabra y las pajaritas. Y como dijo en vida. Recuerden, la vida puede ser maravillosa...
Abrí el navegador y como de costumbre consulte un periódico deportivo digital, leí una noticia de esas que nunca te esperas que lleguen ni tampoco quieres nunca que lleguen, en este caso el fallecimiento de Andrés Montés. Me quede dos minutos en estado de shock y después consulte las diferentes ediciones digitales de los periódicos con más tirada. Eran las cinco, me quede frito en la cama.
Andrés Montés tenia los mismos incondicionales que críticos con su trabajo, una forma atrevida de narrar los partidos de fútbol que en un campo que no le pegaba tanto como el baloncesto pero daba mucho juego. Quizás tenían razón al decir que no era "digno" de participar en un debate de Punto y Pelota (ironía: on). Pero le imprimía una pasión, una energia a las retrasmisiones que contagiaba al espectador.
Un día como hoy lo de menos es si era buen comentarista o no, lo que es digno de aplaudir es a un hombre peculiar que durante una vida a podido comprarse las pajaritas más orteras viviendo de su personalidad. Un periodista auto didacta que marca un antes y un después. Un mulato que con una sonrisa en la cara transmitio a todos los espectadores una pasión por el juego.
Sin duda se nos ha ido un jugón de la palabra y las pajaritas. Y como dijo en vida. Recuerden, la vida puede ser maravillosa...
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