martes, 13 de septiembre de 2011

Magos.


    Vuelvo a las andadas, vuelvo porque antes de que olvide su existencia quiero dedicar una entrada a una especie de jugadores que a mi parecer están en extinción o quizás, que hasta que no ves como su carrera decae en picado no te das cuenta de lo que realmente pudieron haber sido, seguramente porque el buen aficionado al fútbol nunca perdio la confianza en su magia.

  Hablo de jugadores que son la máxima expersión del fútbol mágico. Magos del balón que podrían, como usan los anglosajones, haber llegado a ser jugadores TOP.

  Quiero dedicar este pequeño hueco en la red a José María Gutierrez y a Juan Román Riquelme. Quiero empezar citando una frase de Riquelme "El día que no me divierta más jugando al fútbol me voy a tomar mate con mi mamá"; de esta manera creo que se puede entender perfectamente la carrera de estos dos jugadores. Dos magos que no ven el fútbol como un trabajo. Ante 80.000 espectadores juegan igual que si jugasen en el patio de sus colegios, quizás eso les ha llevado a ser tan grandes y tan efímeros a la vez. Su juego es facil de definir, dos jugadores con una mirada infantil, una mirada llena de ilusión, llena de fantasía... en un mundo de adultos. Fuerón magos pero no todo lo profesionales o serios que deberían haber sido y en el fútbol actual tan tecnificado en el que nos encontramos, la fantasía esta por detras de lo tactico y la forma física. Un mundo donde son más importantes los picos de forma a lo largo de la temporada que la garra. Un claro ejemplo de la sociedad futbolera en la que vivimos, más morbo tiene discutir sobre la altura del césped en un Clasico que simplemente pensar que jugadores como el 14 o el 10 les daría igual jugar en un campo de tierra porque jueguen donde juegen se divertiran y dejaran ese detalle para la eternidad, ese detalle que hace que tú seas aficionado al fútbol.


  Sin entrar demasiado en datos biográficos, Guti y Riquelme llegarón demasiado pronto a la élite del fútbol, jovenes promesas o estrellas estrelladas. Pronto fueron absorbidos por la nube mediática que envuelve al fútbol, el argentino heredo el diez de Maradona cediéndole este su propia camiseta un acto muy representativo y que quizás hizo que el comienzo de su carrera fuese una muerte anunciada, un peso que no cualquiera es capaz de llevar por mucho que el siempre afirmase que no se miraba a la espalda para ver el dorsal que llevaba. Su primer paso por el equipo de sus amores fue exitoso consiguiendo un palmares expectacular pero pronto su vida cambio radicalmente. En el verano del 2002 el Barça pago una gran suma de dinero por el volante argentino intentando contrarrestar el efecto Zidane. Un año duro en la ciudad condal, para seguidamente irse al Villareal, allí el era la brujula de un equipo humilde que paso de ganar una intertoto a llegar a las semifinales de la Champions. Su cenit termino una noche de champions en el Madrigal, partido de vuelta entre el Villareal y el Arsenal dos equipos que apostaban por el fútbol de toque. Quedando pocos minutos para el final de la eliminatoria Juan Román Riquelme coge la pelota y la coloca en el punto de penal, si mete llevara la ilusión de un equipo de pueblo a la final de Paris coge carrerilla patea el balón y la para Lemhann. Rozo la gloría pero se quedo solo en eso... Quizás en los momentos clave no estuvo, quizás le falto lo que no le falto a Zidane, en una final de un mundial tirar un penalti a lo panenka ante Buffón y meterlo porque el realmente si quiso entrar en la historia. No dudo de sus capacidades, dos de los mejores caños que he visto en el fútbol los hizo el con esa tranquilidad y sensación de poco esfuerzo que distingue a los genios.



  Otro mago del balón, Guti, el 14 del Madrid nunca titular discutible pero siempre utilizado en pequeñas raciones. No fue delantero y jugo de punta, no fue medio centro y jugó de mediocentro. Nunca tuvo esa estabilidad deportiva para explotar quizás el carácter tampoco ayudase. Un jugador especial y con el que ningún entrenador realmente conecto, Riquelme tuvo que irse al Villareal, el no quiso marcharse y sin duda son jugadores que en la radio cuando ellos juegan deberían presentar las alineaciones como, Guti y diez más... Pero nadie confió en el y su aportación queda en un jugador que podría haber sido mucho pero que solo nos dejo detalles y una capacidad extraordinaria para jugar donde le colocasen en la pizarra. No se si hubiese sido el segundo balón de oro español, pero tenía la capacidad para haber jugado 100 partidos con la selección española y no ser menos que Iniesta. Porque su zurda no era poca cosa... Solo queda el consuelo que mientras tengan ilusión por jugar los años no les pesaran porque no necesitan ese cambio de ritmo, tienen la capacidad de, en una baldosa o en 20 minutos de partido dejar un detalle para la eternidad. Guti en su último año con la elástica blanca nos dejo una asistencia de tacón que solo vio el, será lo único que recordemos de su ultima temporada pero vale como todos los goles de Cristiano Ronaldo. El fútbol por desgracia no es solo fantasía y calidad, no sirve de nada ver un pase imposible, controlar un balón imposible o hacer el regate inimaginable... No es simple el fútbol, no es un juego de niños... En el fútbol no queda fantasía... Como Van Gogh artistas que el mundo no supo entender...

Aquí os dejo dos enlaces para disfrutar.



Víctor.

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